Si algo hemos aprendido en estos meses pasados es que no estamos, ni de lejos, preparados para grandes imprevistos y cambios inmediatos en los hábitos de consumo de nuestros clientes. Las empresas, da igual su tamaño e importancia, emplean importantes partidas de presupuestos y recursos en analizar hábitos en cuanto a cualidades y características de los productos que consumen los clientes pero, dejan de lado y se olvidan en la gran mayoría, de cómo se comporta el cliente y cómo compra dependiendo de la época o las circunstancias.

La capacidad de reacción está limitada en tanto en cuanto no hay análisis y estudios de escenarios posibles. Obviamente nadie estaba prepado para una pandemia pero si somos sinceros, estamos en el siglo XXI y sabemos predecir determinadas circunstancias al menos, con un margen de error, quizás no por el motivo en concreto ni con el impacto final pero sí acercarnos o tener sobre el papel determinadas posibilidades y la reacción a nivel empresarial que deberíamos tener.

Desde el comienzo de la pandemia hemos visto numerosos casos de roturas de stock de diferentes productos que en algunos casos de hecho, aún ni siquiera se han recuperado. Ha fallado toda la cadena de suministro y se han perdido ingentes ventas para empresas que estaban bien posicionadas pero no supieron reaccionar a la rotura de stock y la nueva situación frente a otras más avispadas y rápidas que han sabido aprovechar la coyuntura con trabajo, esfuerzo y sumando soluciones útiles.

Las roturas de Stock de diferentes productos

Así vimos como se rompía el stock de compañías de papel higiénico en los primeros días, comida no perecedera en las siguientes semanas, mascarillas y guantes durante varios meses y así sumaríamos numerosos artículos.

De hecho, estos días hemos conocido un caso de una gran compañía a nivel mundial como es Ikea que a principios de la pandemia tuvo rotura de stock en algunos de sus artículos relacionados con los muebles de oficina – trabajo y que a día de hoy, pasados más de 6 meses, no prevén poder reponerlos hasta mínimo, principios del año 2021. ¿Qué ha ocurrido?

Cuando saltó el Estado de Alarma el pasado 14 de marzo e incluso antes, nos mandaron a casa a todos y bajo ese escenario, tuvimos que reaccionar y readaptar nuestros hogares hacia un lugar de trabajo. Se impuso el teletrabajo y la necesidad de nuevas herramientas para hacernos ese proceso más cómodo: escritorios, sillas de trabajo, flexos y lámparas de mesa, teclados, ratones, impresoras… Todo lo necesario para montar una oficina en casa se vendió rápidamente y los stocks explotaron.

Tiendas como Ikea recibieron un aluvión de pedidos online de estos y otros artículos a nivel mundial y no pudieron reaccionar para dar cabida a este pico de ventas. No estaban preparados, no había un plan b (incluso de marketing), sus análisis no estaban acordes con la situación que se estaba viniendo (y ya se podía haber prevenido porque la pandemia estaba comenzando en algunos países y en otros, aún no).

Suponemos que uno de los grandes del mercado tienen sus stocks totalmente optimizados y dotan a sus plantas de almacenaje y logística de las mejores soluciones como voz y/o rfdi. Pero sin duda alguna, si incluso con soluciones de primer nivel, los stocks se rompen y causan importantes pérdidas, nos consta que sin ellas, los “descalabros” en estos meses han sido mucho mayores y peores.

Si una empresa con venta online y reparto quiere estar totalmente optimizada y acorde a la situación actual debe sin duda alguna, aceptar que el escenario ha cambiado, que los pedidos ahora son en su mayoría online (y así seguirá siendo) y que es fundamental dar una respuesta rápida a los posibles cambios en los hábitos de consumo que puedan darse incluso, en tiempo real – al día. Hay que asegurar stocks. Es una necesidad imperante en las empresas.